Soy Mar fundadora y creativa de La Fábrica de Creación y me dedico a complementar y hacer la vida de vuestros bebés y la vuestra, más funcional, divertida, bonita y entrañable.


La madrugada del 17 de febrero de 1983, en Barcelona, nací yo. Soy Acuario con ascendente Sagitario, me gustan las artes por encima de todo, cualquier tipo de arte y me llamo Mar.

Soy soñadora, valiente, apasionada, inteligente, un tanto despistada, cabezota, trabajadora, vividora de la vida, disfrutona de mi gente, feliz… Desde bien pequeñita mis intereses siempre han estado relacionados con el Arte, me encantaba dibujar, pintar, bailar, jugar a mil cosas diferentes, me distraía muy fácilmente y nunca me aburría, no necesitaba mucho para montarme mis películas. A día de hoy tampoco me aburro, siempre estoy creando, me gusta disfrutar conmigo misma, me meto en mi mundo y vuelo dentro de mi cabeza y lo plasmo de mil maneras, cosiendo, tejiendo, fotografiando, pintando, nadando, bailando, escuchando música, disfrutando del silencio, leyendo, aprendiendo.


Mis padres cuentan que cuando salía Eva Nasarre en la tele, yo me ponía delante de ella a copiar todos los ejercicios que hacia

(Yo no lo recuerdo, era muy pequeña), pero gracias a ese interés, me apuntaron a la academia de Ballet del barrio. Allí pasé toda mi infancia desde los 4 años hasta mi adolescencia, los 17. Aprendí diferentes estilos de danza, disciplina y me quedaba fascinada escuchando historias que nos contaba nuestra profesora sobre teatros y circos en los que había trabajado. Me enamoré en el minuto 1 de ese estilo de vida, clases cada tarde, ensayos, vestuarios que me cosía mi madre hasta las tantas de la madrugada, funciones. Aún recuerdo la primera canción que bailé con 4 años, “Chas y aparezco a tu lado” de Alex y Cristina. En casa, mi madre tiene todos los vestuarios guardados como oro en paño, y me gusta de vez en cuando sacarlos, verlos y olerlos. Tienen un olor característico, que lo relaciono con el teatro.


Mi profesora de danza, cuando yo tenía 12 años, quería que me dedicara profesionalmente, pero yo siempre le dije que no quería ir al conservatorio porque yo quería ser Arquitecta, ¡toma ya! Lo tenia tan claro, que hasta me regalaron libros de arquitectura y dibujo técnico. Ya te digo, que dibujar, pintar y las reglas eran mi otra pasión. Así que llegó el momento de elegir Bachillerato, obviamente y sin pesarlo, hice el Bachillerato Artístico y allí tuve un profesor que enseñaba con una pasión sobrenatural y me hizo amar el arte pictórico y fotográfico por encima de todo, aunque siempre a la par que la danza. Me enamoré de la cámara de fotos, de los pinceles, las acuarelas, temperas, del olor a oleos y aguarrás, del carboncillo, del frío del barro, de las reglas, escuadras, cartabones y del compás. Con 16 años tuve mi primer trabajo dando clases de ballet y ritmos a niñas pequeñas y en ese momento comenzó mi vida laboral como Profesora de Danza. Otra vez, me volví a enamorar, en esta ocasión de enseñar todo lo que sabía y de estar con niños pequeños. Desde entonces hasta día de hoy, siempre me he dedicado a los peques de un modo u otro.


Acabé bachillerato y llegó el momento de elegir carrera, el gran drama para muchos, pero no el mío. Mi idea de ser arquitecta, se fue con el tiempo, porque las mates nunca me gustaron, así que decidí que quería ser diseñadora y dentro del diseño, el que más me gustaba era el industrial, con lo que más disfrutaba era haciendo lámparas, modificar su luz y como incidía esta en el espacio, investigar con telas y papeles. Me enamore aún más de la cámara de fotos, que a parte de usarla en la propia asignatura, la usaba para casi todas las clases. Desde bachillerato, hasta día de hoy, creo que no recuerdo día sin cámara en mano. Pero entonces llegó el desenamoramiento. Casi toda la carrera se basaba en estar sentada delante del ordenador, con miles de programas de dibujo. Mi idea idílica de hacer los diseños a mano, ya había quedado anticuada en la carrera y eso me desilusionó de tal modo, que la dejé. Fue difícil tomar la decisión, pero tenía un plan B, que en realidad, sin saberlo, había sido siempre mi plan A. Yo seguía dando clases de danza a peques y me di cuenta que ese era mi oficio y que quería aprender más para poder enseñar más. Busqué una escuela de danza profesional en la que poder aprender disciplinas que nunca antes toqué. Y así fue como me matriculé en Danza y teatro musical, la formación duraba 3 años y en mi segundo año, entré a formar parte de la plantilla de profesores, en el área de danza, paralelamente a recibir mis clases. Cuando acabé mi tercer año, seguí dando clases a todas las edades desde pequeños a adultos, en esa y en otras escuelas, pero esta vez de danza y teatro. Entonces me picó el gusanillo de actuar delante de un micro y hice la formación de actriz de doblaje, cuando la terminé intervine en varias películas y animaciones. A parte de dar clases y el doblaje, empecé a trabajar para la productora de la escuela en la que me formé y más tarde forme la mía propia, junto a un gran compañero. En ese momento desarrollé profesionalmente todo lo aprendido en Fotografía. Empecé a hacer books de actores y actrices, fotografías de espectáculos, obras de teatro. Llegó un punto en que tenía tal aborágine de trabajo, entre las clases, productora, fotos, que dormía solo 4 horas. Y mi cuerpo me pidió una pausa. Enfermé del corazón y eso para mi fue un antes y un después. .


Decidí que no podía seguir con ese ritmo, que me estaba generando mucho estrés, y aunque siempre mi profesión me ha hecho la más feliz del mundo, al final no me merecía la pena perder la salud. Así que aproveché las vacaciones de verano para irme, recuerdo muchos viajes a diferentes lugares, siempre acompañada. Hasta que decidí irme sola y por pura coincidencia del destino, fui a parar a un pueblecito de Granada, donde una amiga me prestó su casa y me juró y perjuró que iba a estar tranquila y prácticamente sola. Me quedé durante todo un mes y la semana antes de irme, conocí al que a día de hoy es mi pareja, amigo, y padre de mis hijas. Volví a Barcelona seguí trabajando, pero el amor que nació en Granada fue tan superior a cualquier cosa, que decidí renunciar a todo y hacer un cambio de vida radical. Dejé el trabajo, familia, amigos y me tome un año sabático para saber que quería hacer en ese momento. Pasé de estar en una gran ciudad como es Barcelona, a un pueblo pequeño a los pies de Sierra Nevada, en El Valle más maravilloso que han visto mis ojos. Pasé de trabajar en el mundo del espectáculo a vivir del campo. En ese año, mis problemas cardíacos acabaron y a día de hoy estoy muy bien. Durante ese año me dedique a crear, saque las agujas de tejer de mis dos abuelas y puse en práctica todo lo que me enseñaron, tejí bolsos de trapillo, cestos, chaquetas, jerséis. En mi casa siempre se ha cosido, recuerdo mucho, como si fuera ayer, a mi madre cosiendo los vestidos para los festivales de danza, cosiendo retales, haciendo punto de cruz, medio punto y enseñándome a ello. La máquina de coser no era para nada mi mejor amiga, era de pedal y siempre se me enganchaban los hilos y la paciencia podía conmigo. Mi abuela materna, estaba siempre sentada en su máquina de coser, haciendo de todo lo imaginable. Ella me enseño ha hacer ganchillo, recuerdo perfectamente el día en que empezamos una bufanda de lanas de diferentes colores que le habían sobrado, de jerséis que ella nos había hecho. Estábamos sentadas en el sofá y en la tele ponían "V". A mi abuela paterna también la recuerdo siempre sentada en su máquina de coser y ella fue la que me enseño ha hacer media, que maravilla, también recuerdo perfectamente la tarde en la que estábamos sentadas en el sofá y mientras ella hacia unas mangas, me enseñó los diferentes puntos.


Durante ese año sabático, me di cuenta que quería ser madre por encima de todo, y que ese era el mejor momento. Pasado un tiempo de meditación, me quede embarazada y nació mi peque grande y con ella nace la necesidad de conciliar la maternidad, el trabajo y mi desarrollo creativo. Cuando a mi pequeña, con tan solo un añito la tuvimos muy grabe en el hospital, me di cuenta que necesitaba hacer una cambio de profesión y crear algo que pudiera hacer desde casa. Entonces pensé en las diferentes posibilidades que me llenaran el alma y crear complementos para bebes, que era lo que había estado haciendo para mi hija fue la decisión correcta. Lo que empezó como un hobby, acabó siendo mi profesión. Luego me quedé embarazada y tuve a mi segunda hija y pospuse durante un tiempo el trabajo, quería criar yo a mis peques, quería disfrutarlas y vivir toda esta primera etapa en primera persona. Pasa tan rápido y crecen tan de prisa, que quería exprimir al máximo todo este tiempo con ellas. Y a día de hoy, aunque no doy clases a pequeños y ya solo bailo con mis hijas, sigo ligada a los más peques de la casa de algún modo, porque aporto a las mamis complementos para el día a día de sus bebés y preparo su tan ansiada llegada. Cada vez que entrego algún encargo, y veo la cara de felicidad de la mamá que lo recibe, no se explicar esa emoción. Es tan grande el momento en el que preparamos la bolsa para ir al hospital, es tan grande la espera, que cuando llega el momento y sabes que esta todo listo y preparado para recibir a tu bebé, la sensación es tan confortable y la felicidad tan inmensa, que salen a flor de piel todas las emociones.